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Reseña | "Eutanasia. Y nosotros ké?": aquí nadie es una estrella de rock subterráneo

[RESEÑA] Pedro Grijalva, más que un libro sobre Eutanasia, una de las bandas más representativas de la segunda hornada del rock subterráneo de los 80, ha logrado con esto hacer un gran fanzine de lujo, literalmente de peso y hermoso en sus quinientas páginas, o más precisamente hermosamente punk. Y poner lo subte en alta calidad es como darle cariño al rebelde con causa. Pero hay más. Aquí la reseña del último esfuerzo por recuperar parte de la memoria del rock peruano.

Publicado: 2019-02-12

Aquí no hay estrellitas de rock subterráneo. Si antes no lo parecieron, menos lo son ahora mismo. Pero Eutanasia fue una banda punk con todas sus letras. Y eso ya a estas alturas de la historia, nadie podría negarlo. No importa saber si fue la primera banda punk en el Perú, porque para mitos están otros. Lo que sí hacía falta era recuperar el legado de esta banda hoy, no para que los viejos subtes caigan en la nostalgia de lo que fueron los ochenta, sino para presentar ante los punks de hoy, de esta generación y de las que vendrán, a una banda de vieja escuela que bien representa parte de la segunda oleada de la movida de rock subterráneo de los ochenta, por su sonido, por sus letras, y por lo que en alguna vez creyeron. Porque si los punks de hoy crecen sin conocer qué fue de la vieja escuela, obvian gran parte de su memoria. Y el rock es principalmente cultura, y la cultura está principalmente en reconocer su historia. 

“Eutanasia. Y nosotros ké? Hasta el Global Colapso 1985-2012”, escrito por Pedro Grijalva y editado por Muki Records, es un nuevo esfuerzo por recuperar parte de la memoria del rock subterráneo de los ochenta, a través de la historia de una de sus bandas fundamentales: Eutanasia. Este grupo nació cuando ya las bandas iniciadoras de la movida subte habían pasado a la retirada, se habían separado Leusemia, Narcosis, Guerrilla Urbana y Autopsia. Otras bandas tomaron la posta del rocanrol callejero, y entre ellas una de las que más destaca y continúa la tradición de lo subte por todos sus costados e incluso lo radicaliza, fue Eutanasia, desde su nacimiento en 1986 hasta su final separación en 1991, ni bien el grupo grabara su primer y único demo: "Sentimiento de agitación".

Muchos subtes añejos reclamaban un libro escrito por alguien que haya estado en la movida y vivido la época, y de algún modo, este libro de Pedro Grijalva, lo es. Recordemos que “Desborde Subterráneo” fue escrito por Fabiola Bazo que es investigadora de la movida, mas no la vivió, y por su parte “Se acabó el show” fue escrito por Carlos Torres Rotondo que tuvo un acercamiento más bien algo tardío a la movida aunque sí fue parte de la misma. Ambos libros, sin embargo, hacen que sus propias investigaciones hablan por sí solas y han tenido su aporte.

Grijalva, el autor de este libro, ha sido un subte. Fue parte de la mancha subterránea en los años 80, bajó a los conciertos en su época, fue bajista de Sociedad de Mierda, vivió los apagones y los cochebomba. Además, tiempo después en los dos miles editó la revista “Alerta” y actualmente tiene un fanzine llamado Terokal. Por eso mismo, creemos que este libro ha salido como ha salido. Veamos.

Pedro Grijalva, más que un libro sobre Eutanasia, ha logrado hacer un gran fanzine de lujo, literalmente de peso y hermoso, o más precisamente hermosamente punk. Para comenzar, sus 500 páginas están llenas de documentos del archivo underground que hoy serían difíciles de conseguir, fanzines de la época, fotos inéditas, páginas de libros agotados, afiches de los conciertos, antiguas declaraciones perdidas en el tiempo, booklet de casetes, y más, todo eso en alta calidad. Y poner lo subte en alta calidad es como darle cariño al rebelde con causa. Toda esa colección de imágenes resalta a primera vista y es uno de sus mayores logros. Pero hay más.

Además de esta colección visual, la redacción del libro se sostiene principalmente sobre las entrevistas a los diversos integrantes que han pasado por la banda: Dennis Peña (primer bajista y compositor), Nicolás Morales (guitarrista) -que son sus dos fundadores-, Guillermo “Kike” Castro (cantante), José ‘Auxilio’ Valdez (baterista), José ‘Pepe Asfixia’ Mata (bajista), Juan ‘Hoover’ Huamán (baterista), entre otros. Los trece capítulos que componen la parte cardinal del libro, presentan las voces de los participantes que le dieron vida a Eutanasia a lo largo de su historia. Este es el formato escogido. No hay propiamente un análisis profundo sobre la banda por parte del autor en este libro, aunque al inicio de cada capítulo hace una breve introducción al respecto del ítem a tratar. Los que sí logran hacer reflexiones sobre lo sucedido son los protagonistas de esta historia.

De los trece capítulos del libro, destacan primordialmente los dedicados a reflexionar sobre el significado de haber sido joven y rockero en los 80 e incluso haber tocado en el mismo Ayacucho, mirar atrás los viejos y tontos prejuicios clasistas y racistas en la movida de aquel tiempo, demoler viejos mitos, y también rescatar la influencia que ahora puede tener su demo “Sentimiento de agitación” en bandas nacidas en este milenio, como Morbo o Los Mortero, entre otras bandas del extranjero que ahora hacen covers de canciones de Eutanasia.

Por un lado, el autor comenta que apenas días antes de la primera presentación de la banda el 8 de febrero de 1986, el presidente de entonces Alan García había impuesto toque de queda con lo que se prohibía circular en las calles después de las 10:00pm. Como que se iba a cargar el rocanrol, en pocas palabras, pero más que eso, por supuesto. Kike comenta: “La violencia estaba en cada esquina… Entonces vieron a dos chiquillos caminando con pintas raras y la policía nos vacila, nos empieza a molestar y como les contestamos no mal, sino les contestamos: ¡qué pasa! Ellos nos contestan peor pero ya con las manos. Y de una llaman a un patrullero y nos meten al carro y nos llevan directamente a la comisaría” (pág. 135).

Otro capítulo también repasa la visita que Eutanasia hizo a Ayacucho para tocar precisamente ahí, en el lugar de los hechos, del peligro inminente, donde Sendero Luminoso había hecho su sede principal de operaciones de terror y donde las fuerzas armadas también estaban atentas a responder y a desaparecer a todo sospechoso. En ese ambiente había una movida llamada “Chapla Rock” conformada por jóvenes ayacuchanos. “Los limeños se llevaron el susto de sus vidas justo antes del concierto porque hubo un atentado. Se oyeron las detonaciones de bombas y dinamita, los lejanos ecos de una balacera y Huamanga quedó a oscuras. Éstos se tiraron al suelo a gritar. Pensaron que iban a morir. Los ayacuchanos, acostumbrados a tales hechos, hicieron lo de siempre: esperar a que volviera la luz y la calma” (pág. 160).

Luego, un capítulo imprescindible es otro dedicado a reflexionar sobre aquella vieja confrontación entre los llamados “misiopunks” y “pitupunks”, que varias veces arrojó insultos de corte clasista y racista, y llegó a los golpes y a las patadas, y lo que es peor a quebrar una escena que pudo ser más grande e integrada. “Eh…yo creo que también era un poco injusto ¿no? Porque nadie elije la cunda donde nace. Pero la radicalidad de la época te hacía cegarte. Y parte, también que había una ondita en esa época de buscar la verdadera identidad. La afirmación de la identidad y eso provocaba a que tú tuvieras, por ejemplo, siempre imprescindiblemente un enemigo como referente para afirmar tu identidad y en ese contexto es que nosotros identificamos a los pitupunks, para la afirmación de los misiopunks, supuestamente. Pero en sí, creo que fue más una polarización cojuda producto de la época. Creo yo, que al final, cuánta buena gente, o cuántos buenos amigos quizás hubiéramos podido ganar si no hubiéramos sido tan polarizados y tan ultras. Pero, era así en la época” (pág. 224), dice Pepe Asfixia en el libro de Grijalva.

Es importante también destacar el espacio que el libro le han dado a las personas que han estado detrás de la banda pero que de algún modo también han aportado a la trascendencia de la misma. La grabación del único demo de Eutanasia titulado “Sentimiento de agitación”, por ejemplo, no habría sido posible si no fuera por el financiamiento que pudo aportar Richi Lakra, un viejo conocido de la banda y amigo desde aquellos años, además de militante imparable de la poesía maldita y subte. Precisamente es su voz la que aparece en el manifiesto que se oye en la “Introducción” del demo. “Daniel F me dijo: Richi, puta, que todo está bien pero la intro, brother… Tú cíñete al trabajo que te estamos pagado, por favor. No, eso no es algo anecdótico, es algo real. Y no jodas por favor. No, que yo los grabo… Y bueno se hizo. Y Daniel F refunfuñando. Pero yo creo que el trabajo de Daniel F, a nivel técnico está muy bien. Ha sido de lo mejor. Él ha considerado siempre a Eutanasia como una banda punk” (pág. 428), dice Richi en el libro. Y Richi Lakra es considerado como el quinto Eutanasia. ¿Cuántos seguidores de una banda de rock, pondrían de su propio dinero para financiar el demo de su grupo favorito hoy?, pregunta probablemente sin respuesta.

La razón de la separación de Eutanasia, y la siguiente migración de todos sus integrantes a diferentes países del extranjero, también ha sido un mito que en el libro se aclara. Luego, la historia del posterior regreso de la banda para tocar luego de más de 20 años, en otro capítulo, la reedición del demo en CD, entre otros, son pasos importantes que han hecho que nuevas generaciones puedan acercarse a la banda tiempo después.

Finalmente, se deja en claro que cada uno de los Eutanasia ahora se dedica a otra cosa, viven en el extranjero, han construido sus vidas ahí tras salir de un país destruido. En una entrevista del 2005, le preguntaron a Nico con cuáles de los temas de Eutanasia se siente identificado hoy, y este responde: “Identificarme tío no sé. Tengo aún cariño por esos temas. Nos costaron esfuerzo hacerlos, pero pertenecen a otra época y etapa de mi vida” (pág. 450). Por su parte, Pepe Asfixia dice en el libro: “Para mí eso de los reencuentros y revival, son huevadas. Yo no creo en esas mierdas. O sea, porque eso es para estrellitas o gente con pose de estrellita y yo esa onda nunca me ha interesado, porque yo no tengo poses de divo” (pág. 359).

                                                                 ***

Y a pesar de que hoy no sean ni quieran ser ‘estrellitas de rock’, las letras y la música de Eutanasia, han marcado su propia huella por si solas. Un día a Bruno Guerra, guitarrista y fundador de Morbo, banda nacida varias décadas después de la movida subte, le dijeron: “Si te gusta escuchar punk, a The Clash, o Sex Pistols, escucha esta vaina”, se cuenta en el libro, y entonces le pasaron el casete de Eutanasia.

En el futuro, tal vez, alguien le pasará este libro a alguna persona de la siguiente generación que pregunte por punk, y este buscará la música de Eutanasia por internet, escuchará y sacará sus propias conclusiones. 

Agitación, agitación, agitación, agitación.


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Escrito por

escarlata

Diana Joseli. Editora DIY en YouCanSayFuck.lamula.pe. En twitter estamos como @youcansayfuck. Correo: contacto.ycsf@gmail.com


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El rocanrol es nuestra cultura y nuestra contracultura. Foto de portada: Raúl García.